¿Por qué los perros comen pasto?

¿Por qué los perros comen pasto?

El pasto es lo último que esperaríamos que un perro comiera, sin embargo, el comer pasto es una de las conductas más comunes en los perros. Ellos mordisquean delicadamente el pasto en el jardín o en el parque, tal y como si fueran cabras, para después entrar a la casa y vomitar sobre la alfombra.

A la gran mayoría de los dueños les preocupa cuando su mascota come pasto. Llevan a sus perros al veterinario, escriben a las revistas para pedir consejos, llaman a call centers relacionados con perros y/o les preguntan a sus amigas que piensan al respecto. Los cierto es que el comer pasto es una actividad generalmente inofensiva y podemos decir que los perros la traen gravada en los genes y lo hacen porque al parecer lo disfrutan.

Una gran cantidad de estudios explican que esta conducta puede deberse a la necesidad de consumir vegetales en la dieta. (¡Viva! ¡Gracias a Dios existe Balance Natural!). Los perros salvajes y lobos, ancestros de nuestro perro doméstico, se comen aun hoy en día, las vísceras de sus presas que generalmente son herbívoras, incluyendo los grandes contenidos de pasto de sus cuatro estómagos. Puede ser que el pasto provea a los perros de fibra y de algunas vitaminas y minerales que no se encuentran en la carne. También es importante mencionar que no todos los perros vomitan después de comer pasto. Algunos perros parecen disfrutar el tener pasto regularmente en su dieta, e incluso se ha comprobado que tienen tendencias también a consumir las plantas de hierbabuena y manzanilla sí las encuentran en el jardín.

Por último, sí tu perro disfruta de comer pasto es importante cuidar que no lo coma en los exteriores como son los parques y jardines públicos, ya que el pasto puede estar tratado con pesticidas o infestado con huevecillos de parásitos.

“Los perros han sido nuestros amigos por miles de años, así que nos conocen bastante bien. Ahora que nosotros los conocemos un poco mejor, nuestra amistad se unificará aun más”.

Por: E. Álvarez y M. Piquemilh