¿Por qué los perros ladran?

¿Por qué los perros ladran?

Bueno, si usted no pudiera hablar probablemente también ladraría. Los perros ladran debido a que tiene algo que decir. Ladrar puede sonar como ruido para nosotros, pero los perros pueden decir muchas cosas con sus ladridos como por ejemplo: “ese señor de azul con cartas en la mano está atacando de nuevo la puerta principal” o “un carro extraño se ha estacionado en frente” o “¡Hey!, llegaste a casa hace cinco minutos y no me has dicho Hola!, Hazme caso no?”

 Los perros se comunican con nosotros de diferentes maneras pero ladrar es la forma más ruidosa en la que pueden hacer notar sus peticiones y llamar nuestra atención. Los perros pueden ladrar cuando se encuentran excitados y algunas veces ladran simplemente por el placer de ladrar. Sí, a los perros les produce un gran placer ladrar. Cuando uno les grita para que se callen, ellos se excitan mas, pensando “excelente, mi amo esta ladrándome y quiere platicar conmigo”. Para un perro, cualquier signo de atención, hasta gritar, es algo que se debe celebrar.

Los perros llevan ladrando desde la edad de piedra es decir, ¡desde hace 30,000 años! Los perros salvajes comenzaron a rondar las cuevas de los seres humanos con la finalidad de poder alimentarse robando sus sobras y tratando de resguardarse de la intemperie (justo como los perros de ahora). Eventualmente y con el acercamiento poco a poco con los seres humanos, los perros enseñaron a sus cachorros esta nueva convivencia y finalmente perdieron su salvajismo en un proceso llamado domesticación. Pero no todo se perdió, los perros han conservado muchas características propias de aquellos cachorros domesticados incluyendo el ladrido. Los perros salvajes adultos como los lobos, coyotes y zorros ladran muy poco pero sus cachorros ladran mucho. Así que nuestros perros de hoy se quedaron estancados en ser adolescentes eternos, pues nunca tienen que pelear entre ellos, pasar hambre y cazar para comer, como hacen los perros salvajes, por eso nuestros perros están siempre felices son como niños.

Por: Enrique Álvarez y Monica Piquemilh